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Pero cuando llegó la 405ª noche

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Ella dijo:

... y oyó que alguien gritaba: "¡La misericordia sobre tí!" Entonces franqueó la puerta y deseó la paz al ermitaño, que le devolvió su saludo y le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?" El joven dijo: "¡Me llamo Delicia-del-Mundo!" El ermitaño le preguntó: "¿A qué obedece tu llegada?" El joven le contó entonces su historia desde el principio hasta el fin, y también cuanto le había acaecido. Y el ermitaño se echó a llorar, y le dijo: "¡Oh Delicia-del-Mundo! Veinte años hace que yo habito estos lugares y jamás vi a nadie durante mi estancia aquí, si exceptuamos al día de ayer. Porque oí llantos y tumultos, y al mirar por el lado de donde venían aquellas voces, vi una muchedumbre de gente y tiendas de campaña armadas en la playa. Luego vi que aquellas gentes construían un navío, en el que se embarcaron para desaparecer por alta mar. Volvieron poco tiempo después, aunque eran menos en número que a la ida; desarmaron el navío y de nuevo emprendieron el camino por donde habían venido. ¡Y me parece que los que partieron sin volver son precisamente los que tú buscas, ¡oh Delicia-delMundo! ¡Comprendo, pues, la intensidad de tu dolor, y te compadezco! Pero sabe que es imposible dar con un enamorado que no haya sufrido penas de amor!" Y el ermitaño recitó estos versos:


¡Oh Delicia-del-Mundo! Me crees despreocupado y con el corazón lleno de quietud,

¡Y no sabes que el ardor de la pasión me dobla y me desdobla como a un lienzo!


¡Desde mi primera infancia conocí el amor; cuando mamaba aún, conocí los transportes de amor! ¡Y si le preguntaras por mí, él te diría que me conoce!


¡Practiqué el amor durante tanto tiempo, que hube de hacerme célebre; ¡Y si le preguntaras por mí, él te diría que me conoce!


¡Bebí en la copa del amor y gusté su languidez amarga!


¡Tanto se estropeó mi cuerpo, que no soy ya más que una apariencia de mí mismo!


¡Lleno de fuerza estuve antaño; ahora ha desaparecido mi vigor. Y el ejército de mi paciencia quedó maltrecho bajo los alfanjes de las miradas!


¡No creas que llegarás al amor sin sufrir sinsabores, porque desde tiempos antiguos los extremos se tocan!


¡Para todos los enamorados decretó el amor que el olvido es lo mismo de ilícito que la impiedad!


Y cuando el ermitaño hubo acabado de recitar estos versos, se acercó a Delicia-del-Mundo, y le estrechó en sus brazos; y juntos lloraron ambos de tal modo, que las montañas retemblaron con sus gemidos, y acabaron ellos por caer desmayados.

Cuando recobraron el conocimiento, se juraron mutuamente que en adelante se considerarían como hermanos en Alah (¡exaltado sea!); y dijo el ermitaño a Delicia-del-Mundo: "Esta noche voy a orar y a consultar a Alah acerca de lo que debes hacer". Delicia-del-Mundo contestó: "¡Escucho y obedezco!" ¡Y he aquí lo que a ellos atañe!

Pero he aquí lo que afecta a Rosa-en-el-Cáliz:

Cuando las gentes que la acompañaban la condujeron a la Montaña-marina-de-la-Madre-que-perdió-su-hijo, y entró ella en el palacio que habíanla preparado, lo examinó con atención y miró todo su mobiliario; luego se echó a llorar, y exclamó: "¡Oh morada, deliciosa eres, ¡por Alah! pero falta entre tus muros la presencia del amigo!" Después, al notar que la isla estaba habitada por pájaros; ordenó a su séquito que tendieran redes para capturar estos pájaros y que los enjaularan conforme los fueran capturando, para más tarde llevarlos al interior del palacio. E inmediatamente se ejecutó su orden. Entonces Rosa-en-el-Cáliz se acodó en la ventana y dejó a su pensamiento ir en pos de los recuerdos. Y aquello despertaba en ella ardores pasados, deseos abrasadores y transportes, y le hacía verter lágrimas de sentimiento, trayéndole a la memoria estos versos, que recitó:

¿A quién dirigiré la cuita de amor que hay en mi alma, hablándome de las angustias que la alejan del amigo y del fuego que arde en mis costillas? ¡Pero me callaré por temor a mi guardián!


¡Más flaco que un mondadientes tengo el cuerpo, pues estoy consumida por los ardores, las tristezas de la ausencia y las lamentaciones!


¿En dónde están los ojos del amigo, para que vean el triste estado de extravíos a que me ha reducido su recuerdo?


¡Se han excedido en sus derechos al transportarme a un paraje donde no puede venir mi bienamado!


¡Al sol le encargo que por tarde y mañana transmita a millares mis saludos al amante cuya hermosura cubre de vergüenza a la luna llena naciente, y cuya figura de talle supera a la de la rama tierna!


Si las rosas quisieran imitar a su mejilla, diría yo a las rosas: "¡No conseguiréis pareceros a una mejilla suya ¡oh rosas! mientras no seáis las rosas de su otra mejilla!"


¡Destila su boca una saliva que refrescaría la lumbre de un brasero encendido!


¿Cómo olvidarle, cuando es mi corazón, mi alma, mi sufrimiento, mi mal, mi médico y mi bienamado?


Pero cuando avanzó la noche con sus tinieblas, Rosa-en-el-Cáliz sintió aumentar la intensidad de sus deseos...


En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.



Y cuando llegó la 406ª noche

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Ella dijo:

...Rosa-en-el-Cáliz sintió aumentar la intensidad de sus deseos y avivarse el recuerdo abrasador de sus desventuras. Entonces recitó estos versos:


¡He aquí la noche, que con sus tinieblas me trae ardores intensos y molestias; y mis deseos avivan en mí dolores abrasadores!


¡En mis entrañas habita ahora el tormento de la separación; mis pensamientos me aniquilan, mis ardores me agitan, mis transportes me queman y mis lágrimas traicionan un querido secreto!


¡Enamorada como estoy, no sé el modo de hacer cesar mi delgadez, mi debilidad y mi dolor!


¡Cada vez se enciende más el incendio de mi corazón, y la intensidad de su llama me devora el hígado!


¡En el día de la separación, no pude despedirme de mi bienamado ¡Qué pena! ¡Que dolor!


¡Pero tú caminante que has de informar de todos mis tormentos al amigo, dile que he soportado sufrimientos que no sabría describir ninguna pluma!


¡Por Alah! ¡Juro que mi amor será fiel siempre al bienamado! Porque en el código del amor es lícito el juramento!


¡Oh noche! ¡Vé a llevar mi saludo al bienamado, y dile que eres testigo de mis insomnios!


Y así era como se lamentaba Rosa-en-el-Cáliz.

¡He aquí lo relativo a Delicia-del-Mundo! El ermitaño le dijo: "Baja al valle y tráeme una cantidad grande de fibras de palmera". Bajó el joven, para regresar luego con las fibras que se le habían pedido; y el ermitaño las cogió y confeccionó con ellas una especie de red semejante a las redes donde se transporta la paja, después dijo a Delicia-del-Mundo: "Has de saber que en el fondo del valle crece una clase de calabaza que cuando está madura se seca y se separa de sus raíces. Baja a coger una porción de esas calabazas secas, sujétalas a esta red y tíralo todo al mar. No dejes de subirte encima, y la corriente te llevará entonces a alta mar y te hará alcanzar el fin que persigues. ¡Y no olvides que sin riesgos no se consigue nunca lo que uno se propone!" El joven contestó: "¡Escucho y obedezco!" Y después que el ermitaño le deseó buena suerte, se despidió de él y bajó al valle, donde no dejó de hacer lo que se le había aconsejado.

Cuando, llevado por la red de calabazas, llegó en medio del mar, levantóse con violencia un viento que le impulsó rápidamente y le hizo desaparecer a la vista del ermitaño. Zarandéandole las olas, alzándole unas veces sobre montes de espumas, hundiéndolas otras en su seno anchuroso, y de este modo fué juguete de los terrores del mar durante tres días y tres noches, hasta que los destinos le arrojaron al pie de la Montaña-marina-de-la-Madre-que-perdió-su-hijo. Llegó a la playa en un estado análogo al de un pollo mareado, con hambre y sed; pero no tardó en encontrar cerca de allí arroyos de agua corriente, aves canoras y árboles cargados de racimos de fruta, y así pudo satisfacer su hambre comiendo de aquellas frutas y aplacar su sed bebiendo de aquella agua pura. Tras de lo cual se dirigió hacia el interior de la isla, y vio a lo lejos una cosa blanca, a la que fué aproximándose y observó que era un palacio imponente, de muros escarpados, y se dirigió a la puerta, encontrándola cerrada. Entonces se sentó y no se movió ya durante tres días; al cabo de los cuales vió abrirse por fin la puerta y salir un eunuco, que le preguntó: "¿De dónde vienes?" ¿Y cómo te arreglaste para llegar hasta aquí?

El joven contestó: "¡Vengo de Ispahán! ¡Viajaba por mar con mis mercancías, cuando se estrelló el navío en que yo iba, y las olas me arrojaron a esta isla!" Al oír tales palabras, el esclavo se puso a llorar; luego se echó al cuello de Delicia-del-Mundo, y le dijo: "¡Consérvele con vida Alah, ¡oh rostro amigo! Ispahán es mi tierra, y también vivía allá la hija de mi tío, la que amé en mi primera infancia y a la que estuve ligado estrechamente. Pero un día nos atacó una tribu más numerosa que la nuestra, capturando a una gran parte de nosotros; y yo estaba comprendido en el botín. Como en aquella época era yo un niño todavía, me cortaron los compañones para que aumentara mi precio y me vendieron como eunuco. ¡Y en este estado es como me ves! Luego, tras de desear la paz una vez más a Delicia-del-Mundo, el eunuco le hizo entrar al patio principal del palacio.

Vio entonces el joven un maravilloso estanque rodeado de árboles de hermosas ramas frondosas, donde piaban agradablemente, bendiciendo al creador, pájaros encerrados en jaula de plata con puertas de oro. Se aproximó a la primera jaula, la examinó con atención y vio que contenía una tórtola, que al punto lanzó un grito que significaba: "¡Oh generoso!" Y al oír aquel grito, Delicia-del-Mundo, cayó desmayado; luego, cuando volvió en sí dejó escapar profundos suspiros, y recitó estos versos...


En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.



Y cuando llegó la 407ª noche

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Ella dijo:

...dejó escapar profundos suspiros, y recitó estos versos:


¡Si estás prendada de amor como yo, oh tórtola! invoca al Señor y arrulla: "¡Oh generoso!"

¡Quién sabe si es tu canto un grito de alegría o la queja de amor de un corazón turbado!


¿Gimes a causa de la partida de tú amigo, o porque te dejó débil y lánguida, o acaso porque perdiste al objeto de tu amor? ¡Si es así, no temas, exhalar tus quejas y proclamar a gritos el amor antiguo que te rebosa del corazón!


¡En cuanto a mí, conserve Alah a mi bienamada, y prometo no olvidarle nunca, hasta cuando mis huesos sean ya polvo!


Después de recitar estos versos se echó a llorar de tal manera, que cayó desvanecido. Y cuando recobró el conocimiento anduvo hasta llegar a la segunda jaula, en la que halló una paloma zorita, que al verle se puso a cantar, diciendo: "¡Oh Eterno, yo te glorifico!" Entonces Delicia-del-Mundo suspiró prolongadamente, y recitó estos versos:


¡La paloma zorita ha dicho quejosa!: ¡Oh Eterno, yo te glorifico a pesar de mis calamidades!


¡Oh Eterno, espero que tu bondad me permita reunirme con la bienamada en este destierro!


¡Cuántas veces se me apareció con sus labios de miel aromática, y me dejó más abrasado que nunca!


Mientras el fuego consume mi corazón y lo reduce a cenizas, lloro lágrimas de sangre, que se desbordan inundando mis mejillas, y me digo: "¡La criatura no se fortalece más que con sinsabores!"

¡Por eso es que quiero tomar mis males con paciencia!


¡Y si quiere Alah que me reúna con la dueña de mi corazón, gastaré mis riquezas en albergar a la tribu de mis semejantes los enamorados!


¡Libertaré de su prisión a las aves, y en mi felicidad, me despojaré de mi duelo!


Cuando hubo acabado de recitar estos versos, se acercó a la tercera jaula, y vió que contenía un ruiseñor, que, tan pronto como se dió cuenta que le observaban, se puso a cantar. Y al oírle, recitó estos versos Delicia-del-Mundo:


¡Oh! ¡cómo me encanta el ruiseñor cuando deja oír su voz gentil, que se asemeja a una enamorada voz desfalleciente de amor!


¡Piedad para los enamorados! ¡Cuántas noches no pasan víctimas de las zozobras, los deseos y la inquietud! ¡Tan crueles son sus angustias, que parece que nunca conocieron ellos más que noches sin sueño y sin mañana!


¡En cuanto a mí, desde que vi a mi amiga me encadenó su amor, y encadenado de tal suerte, dejo que de mis ojos se deslicen cadenas de lágrimas! Y me digo: "¡He aquí las cadenas que al deslizarse de mis ojos encadenan toda mi persona!" ¡Y en esta forma se desborda mi ardor!


¡Al mismo tiempo estoy herido por el alejamiento de la amiga! ¡Se agotaron los tesoros de mi paciencia, y mis fuerzas se rindieron!


¡Si, de ser equitativa la suerte, me reuniría con mi amiga!


¡Y ahora, cúbrame con su velo Alah, para que pueda yo desnudar mi cuerpo ante la amiga y hacerle ver así el grado de agotamiento a que me redujeron las alarmas, la inquietud y el abandono!


Cuando acabó de recitar estos versos, se adelantó hasta la cuarta jaula y vió en ella un bulbul que al punto se puso a modular notas melancólicas. Y al oír aquel canto, Delicia-del-Mundo dejó escapar profundos suspiros, y recitó estos versos:


¡En las albas y las auroras, el bulbul consuela el corazón del enamorado con el sonido melodioso de las cuerdas de su voz!


¡Oh Delicia-del-Mundo, quejumbroso y languideciente! ¡Aniquilado por el amor está tu ser!

¡Hasta mí llegan no sé cuántos cánticos maravillosos, que enternecerían la dureza del hierro y de la piedra!


¡Y he aquí que el aire ligero de la mañana viene a nosotros pasando por los edenes de las praderas y las flores exquisitas!


¡Oh, los cantos de pájaros en las albas y las mañanas, y tú, embalsamada brisa de las primeras claridades del día, cómo transportáis mi alma!


¡Pienso entonces en la amiga lejana, y mis lágrimas se precipitan en lluvia torrencial, mientras en mis entrañas arde un fuego terrible entre chispas y llamas!


¡Haga por fin Alah que el enamorado apasionado vuelva a ver a su amiga y a disfrutar de sus encantos! Porque, ¿acaso el enamorado no tiene una excusa manifiesta?¡Digo esto porque sé que no hay como el hombre avisado para ver claro y disculpar!


Luego, cuando acabó de recitar estos versos, Delicia-del-Mundo anduvo un poco...


En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañanay se calló discretamente.



Y cuando llegó la 408ª noche

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Ella dijo:

... Delicia-del-Mundo anduvo un poco, y vio una jaula maravillosa, mucho más bonita que todas las demás jaulas. Aquella jaula aprisionaba a un pichón salvaje, que tenía al cuello un collar de perlas admirables. Y al ver Delicia-del-Mundo a aquel pichón, conocido por su canto melancólico y amoroso, y a la sazón preso en aquella jaula con un aire muy triste y soñador, empezó a sollozar, y recitó estos versos:


¡Oh pichón de los bosques frondosos! ¡Oh hermano de los amantes, compañero de las almas sensibles, yo te saludo!


¡Amo a una tierna gacela, cuya mirada penetró en mi corazón más profundamente que el filo de una hoja cortante!


¡Su amor abrasó mi corazón y mis entrañas, y su lejanía arruinó mi cuerpo con enfermedades!


¡Desde hace largo tiempo no saboreo las dulzuras del comer y del dormir!


¡De mi alma huyeron la paciencia y la tranquilidad, y la pasión vino a instalarse en ella para siempre!


¿Cómo podré en lo sucesivo encontrar alegría viviendo lejos de la amiga ausente? ¿Acaso no es ella mi aspiración, mi deseo y mi alma toda?


Cuando el pichón oyó estos versos de Delicia-del-Mundo, salió de su ensueño y empezó a gemir y a arrullar de manera tan quejumbrosa y melancólica, que parecía ser humana su voz, y que en su lenguaje recitaba estos versos:


¡Oh joven enamorado! ¡Acabas de recordarme la época de mi juventud sumergida en el pasado, cuando me seducía mi amigo, cuyas formas graciosas adoraba yo, porque era maravillosamente hermoso!


¡A través de las ramas del montículo arenoso, su voz sumíase en un éxtasis entusiasmado con los caros acordes de la flauta!


¡Un día tendió una red el cazador y le apresó! Y exclamó mi amigo: "¡Oh mi libertad en el espacio! ¡Oh felicidad fugitiva!"


¡Sin embargo, yo esperaba que el cazador se compadeciese de mi amor y me devolviera a mi amigo; pero fué cruel!


¡Y ahora son ya excesivas mis torturas, y mis deseos se avivan con el fuego de tan dura ausencia!


¡Oh! ¡Proteja Alah a los amantesl enloquecidos y torturados por angustias como las mías! ¡Y ojalá alguno de ellos, al mirarme tan triste en mi jaula, me abra la puerta de ella y me devuelva a mi amigo!


Entonces Delicia-del-Mundo se encaró con su amigo el eunuco de Ispahán, y le dijo: "¿Qué palacio es éste? ¿Quiénes lo habitan? ¿Y quién lo construyó?" El eunuco contestó: "¡Es el visir de tal rey quien lo construyó para su hija, con objeto de resguardarla de los acontecimientos del tiempo y de los accidentes del Destino! Acá la confinó con sus servidores y su séquito. ¡Y no se abren sus puertas más que una vez al año, el día en que nos mandan provisiones!"

Al oír estas palabras, pensó para su alma Delicia-del-Mundo: "¡Por fin consigo mi propósito! Pero ¡cuán penoso me resulta tener que esperar tanto antes de verla!"

Y he aquí lo que a él atañe.


¡Pero he aquí ahora lo concerniente a Rosa-en-el-Cáliz!

Desde que llegó al palacio, no tuvo gusto ya para saborear el placer de beber y comer, ni el del reposo y el sueño. Por el contrario, sentía aumentar en ella los tormentos de sus transportes apasionados; y mataba el tiempo recorriendo todo el palacio en busca de una salida, pero sin resultado.

Y un día en que no podía más, estalló en sollozos, y recitó estos versos:

¡Para torturarme, me han aprisionado lejos de mi amigo, y en mi prisión me hacen sufrir toda clase de tormentos!


¡Con los fuegos de la pasión, me quemaron el corazón, alejándolodo del amigo de mis ojos!


¡Me encerraron en fortificadas torres que alzaron sobre montañas entre los abismos marinos!


¿Es que con ello quisieron que olvidara? ¡Pues desde entonces creció más aún mi amor!


¿Cómo podré olvidar? ¿No se debe todo lo que sufro a una sola mirada que dirijí al rostro del amado?


¡Entre penas se deslizan mis días, y me paso la noche asaltada por tristes pensamientos!


¡Pero aunque carezco de la presencia amada, me queda su recuerdo para consolarme en la soledad!


¡Ah! ¡Ojalá, después de todo esto, pueda ver un día que el Destino me reúna con el bienamado!


Cuando acabó de recitar estos versos, Rosa-en-el-Cáliz subió a la terraza del palacio...


En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana y se calló discretamente.

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