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Pero cuando llegó la 334ª noche

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Ella dijo:

"... la autoridad de los poetas y el auxilio del Korán". Y las seis jóvenes contestaron oyendo y obedeciendo, y se aprestaron a la lucha encantadora.

La primera que se levantó fue la esclava Cara-de-Luna, que hizo seña a la negra Pupila-del-Ojo para que se pusiera delante de ella, y enseguida dijo:

"!Oh, negra! En los libros de los sabios, se dice que habló así la Blancura: ¡Soy una luz esplendorosa! ¡Soy una luna que se alza en el horizonte! ¡Mi color es claro y evidente! Mi frente brilla con el resplandor de la plata. Y mi belleza inspiró al poeta que ha dicho:


¡La blanca de mejillas finas, suaves y pulidas, es una bellísima perla esmeradamente guardada!


¡Es derecha como la letra aleph; la letra mim es su boca; sus cejas son dos nuns al revés y sus miradas son flechas que dispara el arco formidable de sus cejas!


¡Pero si quieres conocer sus mejillas y su cintura, he de decirte: Sus mejillas, pétalos de rosas, flores de arrayán y narcisos. Su cintura, una tierna rama flexible que se balancea con gracia en el jardín, y por la cual se daría todo el jardín y sus vergeles!


"Pero prosigo, ¡oh negra!


"Mi color es el color del día; también es el color de la flor de azahar y de la estrella de la mañana.


"Sabe que Alah el Altísimo, en el Libro venerado, dijo a Musa (¡con él la plegaria y, la paz!), quien tenía la mano cubierta de lepra: "¡Métete la mano en el bolsillo, y cuando la saques la encontrarás blanca, o sea pura e intacta!"


"También está escrito en el Libro de nuestra fe: "¡Los que hayan sabido conservar la cara blanca, es decir, indemne de toda mancha, serán los elegidos por la misericordia de Alah!"


"Por lo tanto, mi color es el rey de los colores, y mi belleza es mi perfección, y mi perfección es mi belleza.


"Los trajes ricos y las hermosas preseas sientan bien siempre a mi color y hacen resaltar más mi esplendor, que subyuga almas y corazones.


"¿No sabes que siempre es blanca la nieve que cae del cielo? "¿Ignoras que los creyentes han preferido la muselina blanca para la tela de sus turbantes?

"¡Cuántas más cosas admirables podría decirte acerca de mi color! Pero no quiero extenderme más hablando de mis méritos, pues la verdad es evidente por sí misma, como la luz que hiere la mirada. ¡Y además, quiero empezar a criticarlo ahora mismo, ¡oh negra, color de tinta y de estiércol, limadura de hierro, cara de cuervo, la más nefasta de las aves!


"Empieza por recordar los versos del poeta que hablan de la blanca y la negra:


¿No sabes que el valor de una perla depende de su blancura, y que un saco de carbón apenas cuesta un dracma?


¿No sabes que las cosas blancas son de buen agüero y ostentan la señal del paraíso, mientras las caras negras no son más que pez y alquitrán, destinados a alimentar el fuego del infierno?


"Sabe también que según los anales de los hombres justos, el santo Nuh (Noé) se durmió un día, estando a su lado sus dos hijos Sam (Sem) y Ham (Cam). Y de pronto se levantó una brisa que le arremangó la ropa y le dejó las interioridades al descubierto. Al ver aquello, Ham se echó a reír, y como le divertía el espectáculo -pues Nuh, segundo padre de los hombres, era muy rico en rigideces suntuosas-, no quiso cubrir la desnudez de su padre. Entonces Sam se levantó gravemente, y se apresuró a taparlo todo bajando la ropa. A la sazón despertóse el venerable Nuh, y al ver reírse a Ham, le maldijo, y al ver el aspecto serio de Sam, le bendijo.

Y al momento se le puso blanca la cara a Sam, y a Ham se le puso negra. Y desde entonces, Sam (Los pueblos semíticos) fué el tronco del cual nacieron los profetas, los pastores de los pueblos, los sabios y los reyes, y Ham que había huído de la presencia de su padre, fue el tronco del cual nacieron los negros, los sudaneses.

!Y ya sabes,oh negra! que todos los sabios, y los hombres en general, sustentan la opinión de que no puede haber un sabio en la especie negra ni en los países negros!"

Oídas estas palabras de la esclava blanca, su amo le dijo: "¡Ya puedes callar! ¡Ahora le toca a la negra!"


Entonces, Pupila-del-Ojo, que había permanecido inmóvil, se encaró con Cara-de-Luna, y le dijo:

"¿No conoces, ¡oh blanca ignorante! el pasaje del Korán en que Alah el Altísimo juró por la noche tenebrosa y el día resplandeciente? Pues Alah el Altísimo, en aquel juramento, empezó por mentar la noche y luego el día, lo cual no habría hecho si no prefiriese la noche al día. Y además, el color negro de los cabellos y pelos, ¿no es signo y ornato de juventud, así como el blanco es indicio de vejez y del fin de los goces de la vida? Y si el color negro no fuera el más estimable los colores...


En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.



Y cuando llegó la 335ª noche

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Ella dijo:

"... Y si el color negro no fuera el más estimable de los colores, Alah no lo habría hecho tan querido al núcleo de los ojos y del corazón. Por eso son tan verdaderas estas palabras del poeta:


¡Si me gusta tanto su cuerpo de ébano, es porque es joven y encierra un corazón cálido y pupilas de fuego!


¡En cuanto a lo blanco, me horroriza en extremo! ¡Escasas son las veces que me veo obligado a tragar una clara de huevo, o a consolarme, a falta de otra cosa, con carne color de clara de huevo!


¡Pues nunca me veréis experimentar amor extremado por un sudario blanco, o gustar de una cabellera del mismo color!


"Y dijo otro poeta:


¡Si me vuelve loco el exceso de mi amor a esa mujer negra de cuerpo brillante, no lo extrañéis, oh amigos míos!


¡Pues a toda locura, según dicen los médicos, preceden ideas negras!


"Dijo asimismo otro:


¡No me gustan esas mujeres blancas, cuya piel parece cubierta de harina tamizada!


¡La amiga a quien amo es una negra cuyo color es el de la noche y cuya cara es la de la luna! ¡color y rostro inseparables, pues si no existiese la noche, no habría claridad de luna!


"Y además, ¿cuándo se celebran las reuniones íntimas de los amigos más que de noche? ¿Y cuánta gratitud no deben los enamorados a las tinieblas de la noche, que favorecen sus retozos, les preservan de los indiscretos y les evitan censuras? Y en cambio; ¿qué sentimiento de repulsión no les inspira el día indiscreto, que los molesta y compromete? ¡Sólo esta diferencia debería bastarte, oh blanca! Pero oye lo que dice el poeta:


¡No me gusta ese muchacho pesado, cuyo color blanco se debe a la grasa que le hincha; me gusta ese joven negro, esbelto y delgado, cuyas carnes son firmes!


¡Pues por naturaleza he preferido siempre como cabalgadura para el torneo de lanza, un garañón nuevo, de finos corvejones, y he dejado a los demás montar en elefantes!


"Y otro dijo:


¡El amigo ha venido a verme esta noche, y nos acostamos juntos deliciosamente! ¡La mañana nos encontró abrazados todavía!


¡Si he de pedir algo al Señor, es que convierta todos mis días en noches, para no separarme nunca del amigo!


"De modo ¡oh blanca! que si hubiera de seguir enumerando los méritos y alabanzas del color negro, faltaría a la sentencia siguiente: "¡Palabras claras y cortas valen más que un discurso largo!"

Pero todavía he de añadir que tus méritos valen bien poco comparados con los míos. ¡Eres blanca, efectivamente, como la lepra es blanca, y fétida, y sofocante! Y si te comparas con la nieve, ¿olvidas que en el infierno no sólo hay fuego, sino que en ciertos sitios la nieve produce un frío terrible que tortura a los réprobos más que la quemadura de la llama? Y al compararme con la tinta, ¿olvidas que con tinta negra se ha escrito el Libro de Alah, y que es negro el almizcle preciado que los reyes se ofrecen entre sí? Por último, y por tu bien, te aconsejo que recuerdes estos versos del poeta:


¿No has notado que el almizcle no sería almizcle si no fuera tan negro, y que el yeso no es despreciable más que por ser blanco?


¡Y en qué estimación se tiene la parte negra del oio mientras se hace poco caso de la blanca!


Cuando llegaba a este punto Pupila-del-Ojo, su amo Alí El-Yamaní, le dijo: "Verdaderamente, ¡oh negra! y tú, esclava blanca, habéis hablado ambas de un modo excelente. ¡Ahora les toca a otras dos!"

Entonces se levantaron la gruesa y la delgada, mientras la blanca y la negra volvían a su sitio. Y aquéllas quedaron de pie una frente a otra, y la gruesa Luna-Llena se dispuso a hablar la primera.

Pero empezó por desnudarse, dejando descubiertas las muñecas, los tobillos, lo brazos y los muslos, y acabó por quedarse casi completamente desnuda, de modo que realzaba las opulencias de su vientre con magníficos pliegues superpuestos, y la redondez de su ombligo umbroso, y la riqueza de sus nalgas considerables. Y no se quedó más que con la camisa fina, cuyo tejido leve y transparente, sin ocultar sus formas redondas, las velaba de manera agradable. Y entonces, después de algunos estremecimientos, se volvió hacia su rival, la delgada Hurí-del-Paraíso, y le dijo...


En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.



Y cuando llegó la 336ª noche

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Ella dijo:

... Y entonces, después de algunos estremecimientos, se volvió hacia su rival, la delgada Hurí-del-Paraíso, y le dijo:

"¡Loor a Alah, que me ha creado gruesa, que ha puesto cojines en todas mis esquinas, que ha cuidado de rellenarme la piel con grasa que huele a benjuí de cerca y de lejos, y que, sin embargo, no dejó de darme como añadidura bastantes músculos para que en caso necesario pueda aplicar a mi enemigo un puñetazo que lo convierta en mermelada de membrillo.

"Ahora bien, ¡oh flaca! sabe que los sabios han dicho: "La alegría de la vida y la voluptuosidad consisten en tres cosas: ¡comer carne, montar carne y meter carne en carne!"

"¿Quién podría contemplar mis formas opulentas sin estremecerse de placer? Alah mismo, en el Libro, hace el elogio de la grasa cuando manda inmolar en los sacrificios carneros gordos, o corderos gordos, o terneras gordas.

"Mi cuerpo es un huerto cuyas frutas son: las granadas, mis pechos; los melocotones, mis mejillas; las sandías, mis nalgas.

"¿Cuál fue el pájaro que más echaron de menos en el desierto los Beni-lsrail (hijos de Israel), al huir de Egipto? ¿No era indudablemente la codorniz, de carne jugosa y gorda?

"¿Se ha visto nunca a nadie pararse en casa del carnicero para pedir la carne tísica? ¿Y no da el carnicero a sus mejores parroquianos los pedazos más carnosos?

"Oye, además, ¡oh flaca! lo que dijo el poeta respecto a la mujer gruesa como yo:


¡Mírala andar cuando mueve hacia los dos lados dos odres balanceados, pesados y temibles en su lascivia!


¡Mírala, cuando se sienta, deja impresas, en el sitio que abandona, sus nalgas, como recuerdo de su paso!


¡Mírala bailar cuando con movimientos de caderas hace estremecerse a nuestras almas y caer nuestros corazones a sus pies!


"En cuanto a ti, ¡oh flaca! ¿a qué puedes parecerte, como no sea a un gorrión desplumado? ¿Y no son tus piernas lo mismo que patas de cuervo? ¿Y no se parecen tus muslos al palo del horno? ¿Y no es tu cuerpo seco y duro como el poste de un ahorcado?

"De ti, mujer descarnada, se trata en estos versos del poeta:


¡Líbreme Alah de verme obligado nunca a abrazar a esa mujer flaca ni de servir de frotadero a su pasaje obstruido por guijarros!


¡En cada miembro tiene un asta que choca y se bate con mis huesos, hasta el punto de que me despierto con la piel amoratada y resquebrajada!"


Cuando Alí El-Yamaní oyó estas palabras de la gruesa Luna-Llena, le dijo: "¡Ya te puedes callar! ¡Ahora le toca a Hurí-del-Paraíso!" Entonces la delgada y esbelta joven miró a la gruesa Luna-Llena, sonriendo, y le dijo:

"¡Loor a Alah, que me ha creado dándome la forma de la frágil rama del álamo, la flexibilidad del tallo del ciprés y el balanceo de la azucena!

"Cuando me levanto, soy ligera: cuando me siento, soy gentil; cuando bromeo, soy encantadora; mi aliento es suave y perfumado, porque mi alma es sencilla y pura de todo contacto que manche.

"Nunca he oído ¡oh gorda! que un amante alabe a su amada diciendo: "¡Es enorme como un elefante; es carnosa como alta es una montaña!"

"En cambio, siempre he oído decir al amante para describir a su amada: "Su cintura es delgada, flexible y elegante. ¡Su andar es tan ligero, que sus pasos apenas dejan huellas! Sus juegos y caricias son discretas, y sus besos están llenos de voluptuosidad. Con poca cosa se la alimenta, y le apagan la sed pocas gotas de agua. ¡Es más ágil que el gorrión y más viva que el estornino! ¡Es flexible como el tallo del bambú! Su sonrisa es graciosa y graciosos son sus modales. Para atraerla hacia mí no necesito hacer esfuerzos. Y cuando hacia mí se inclina, inclínase delicadamente; y si se me sienta en las rodillas, no se deja caer con pesadez, sino que se posa como una pluma de ave".

"Sabe, pues, ¡oh gorda! que yo soy la esbelta, la fina, por la cual arden los corazones todos. ¡Soy la que inspiro las pasiones más violentas y vuelvo locos a los hombres más sensatos!

"En fin, yo soy la que comparan con la parra que trepa por la palmera y que se enlaza al tronco con tanta indolencia. Soy la gacela esbelta, de hermosos ojos húmedos y lánguidos. ¡Y tengo bien ganado rni nombre de Hurí!

"En cuanto a ti, ¡oh gorda! déjame decirte las verdades...


En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.



Pero cuando llegó la 337ª noche

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Ella dijo:

... En cuanto a ti ¡oh gorda!, déjame que te diga las verdades .

"Cuando andas ¡oh montón de grasa y carne! lo haces como el pato; cuando comes, como el elefante: insaciable eres en la copulación, y en el reposo, intratable.

"Además, ¿cuál será el hombre de zib bastante largo para llegar a tu cavidad oculta por las montañas de tu vientre y tus muslos?

"Y si tal hombre se encuentra y puede penetrar en ti, enseguida lo rechaza un envite de tu vientre hinchado.

"Parece que no te das cuenta de que, tan gorda como eres, no vales más que para que te vendan en la carnicería.

"Tu alma es tan tosca como tu cuerpo. Tus chanzas son tan pesadas que sofocan. Tus juegos son tan tremendos, que matan. Y tu risa es tan espantosa, que rompe los huesos de la oreja.

"Si tu amante suspira en tus brazos, apenas puedes respirar; si te besa, te encuentra húmeda y pegajosa de sudor.

"Cuando duermes, roncas; cuando velas, resuellas como un búfalo; apenas puedes cambiar de sitio; y cuando descansas, eres un peso para ti misma; pasas la vida moviendo las quijadas como una vaca y regoldando como un camello.

"Cuando orinas, te mojas la ropa; cuando gozas, inundas los divanes; cuando vas al retrete, te metes hasta el cuello; cuando vas a bañarte, no puedes alcanzarte la vulva, que se queda macerada en su jugo y revuelta en su cabellera nunca depilada.

"Si te miran por la parte delantera, pareces un elefante; si te miran de perfil, pareces un camello; si te miran por detrás, pareces un pellejo hinchado.

"En fin, seguramente fue de ti de quien dijo el poeta:


¡Es pesada como la vejiga llena de orines; sus muslos son dos estribaciones de montaña, y al andar mueve el suelo como un terremoto?


¡Si en Occidente suelta un cuesco, resuena en el Oriente todo!"


A estas palabras de Hurí-del-Paraíso, Alí El-Yamaní, su amo, le dijo: "¡En verdad ¡oh Hurí! que tu elocuencia es notoria! ¡Y tu lenguaje ¡oh Luna-Llena! es admirable! Pero ya es hora de que volváis a vuestros sitios, para dejar hablar a la rubia y a la morena".


Entonces Sol-del-Día y Llama-de-Hoguera se levantaron, y se colocaron una enfrente de otra.


Y la joven rubia fue la primera que dijo a su rival:

"¡Soy la rubia descrita largamente en el Korán! ¡Soy la que calificó Alah cuando dijo: "¡El amarillo es el color que alegra las miradas!" De modo que soy el más bello de los colores.

"Mi color es una maravilla, mi belleza es un límite, y mi encanto es un fin. Porque mi color da su valor al oro y su belleza a los astros y al sol.

"Este color embellece las manzanas y los melocotones, y presta su matiz al azafrán. Doy sus tonos a las piedras preciosas y su madurez al trigo.

"Los otoños me deben el oro de su adorno, y la causa de que la tierra esté tan bella con su alfombra de hojas, es el matiz que fijan sobre ella los rayos del sol.

"Pero en cambio, ¡oh morena! cuando tu color se encuentra en un objeto, sirve para despreciarlo. ¡Nada tan vulgar ni tan feo! ¡Mira a los búfalos, los burros, los lobos y los perros: todos son morenos!

"¡Cítame un solo manjar en que se vea con gusto tu color! Ni las flores ni las pedrerías han sido nunca morenas.

"Ni eres blanca, ni eres negra. De modo que no se te pueden aplicar ninguno de los méritos de ambos colores, ni las frases con que se los alaba".


Oídas estas palabras de la rubia, su amo le dijo: "¡Deja ahora hablar a Llama-de-Hoguera!"


Entonces la joven morena hizo brillar en una sonrisa el doble collar de sus dientes -¡perlas!-, y como además de su color de miel tenía formas graciosas, cintura maravillosa, proporciones armoniosas, modales elegantes y cabellera de carbón que bajaba en pesadas trenzas hasta sus nalgas admirables, empezó por realzar sus encantos en un momento de silencio, y después dijo a su rival la rubia:


"¡Loor a Alah, que no me ha hecho ni gorda deforme, ni flaca enfermiza, ni blanca como el yeso, ni negra como el polvo de carbón, ni amarilla como el cólico, sino que ha reunido en mí con arte admirable los colores más delicados y las formas más atractivas.

"Además, todos los poetas han cantado a porfía mis loores en todos los idiomas, y soy la preferida de todos los siglos y de todos los sabios. "Pero sin hacer mi elogio, que harto hecho está, he aquí sólo algunos de los poemas escritos en honor mío:

"Ha dicho un poeta...


En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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