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Pero cuando llegó la 255ª noche

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Ella dijo:

"... ese joven, por el cual, aquí para entre nosotros, te felicito. ¡Verdaderamente, es muy hermoso!"

Al oír estas palabras de Sésamo, el síndico Schamseddin ya no pudo reprimir su indignación y exclamó: "¡Oh, tú, el más corrompido de los libertinos! ¿No sabes que es mi hijo? ¿Dónde está tu memoria, comedor de haschich?" Pero Sésamo respondió: "¡A mí no me la das! ¿Es que va haber salido del vientre de su madre ahora y tal como está este muchacho de catorce años?" Schamseddin replicó: "Pero ¡oh Sésamo! ¿ya no te acuerdas de que tú mismo, hace catorce años, me trajiste aquella milagrosa mixtura que espesa los compañones y concentra el jugo? ¡Por Alah! ¡Gracias a ella pude conocer la fecundidad y Alah me ha dotado de un hijo! Y tú nunca volviste a pedirme noticias de aquella curación. En cuanto a mí, por temor al mal de ojo, he criado a este niño en el subterráneo de nuestra casa, y ésta es la primera vez que sale conmigo. Pues aunque mi primera intención era que no saliera hasta que se hubiera podido coger las barbas con las manos, su madre me ha decidido a traerle conmigo para enseñarle el oficio y ponerle al corriente de los negocios en previsión del porvenir".

Después añadió: "¡En cuanto a ti, Sésamo, me alegro de encontrarte al fin y al cabo, para saldar mi deuda! ¡Toma mil dinares por el favor que me hiciste gracias a tu droga admirable!"

Cuando Sésamo oyó estas palabras, ya no dudó de la verdad, y corrió a desengañar a todos los mercaderes, que en seguida se apresuraron a acudir, primero para felicitar a su síndico, y después para disculparse del retraso en la oración de apertura, que inmediatamente recitaron entre sus manos.

Tras de lo cual Sésamo tomó la palabra en nombre de todos, y dijo: "¡Oh nuestro venerable síndico! ¡Conserve Alah para nuestro afecto el tronco y las ramas! ¡Y florezcan las ramas a su vez, y den fruto oloroso y dorado! Pero, ¡oh nuestro síndico! generalmente, hasta los mismos pobres, cuando les nace un hijo, mandan hacer dulces y los reparten entre amigos y vecinos: ¡y nosotros no nos hemos endulzado el paladar con la pasta amasada con manteca y miel, que es tan grato saborear, haciendo votos por la felicidad del recién nacido! ¿Cuándo nos darás un caldero de esa excelente assida?"

El síndico Schamseddin contestó: "¡De todo corazón, pues no deseo otra cosa! ¡No os ofreceré sólo un caldero de assida, sino un gran festín en mi casa de campo a las puertas de El Cairo, en medio de los jardines! Os invito a todos, amigos míos, a ir mañana a mi jardín, que ya conocéis! ¡Y allí, si Alah lo quiere, ganaremos el tiempo perdido!" En cuanto volvió a su casa, el buen síndico dispuso grandes preparativos para la fiesta del día siguiente, y mandó al horno, para que los asaran, carneros cebados durante seis meses con hojas verdes, y carneros enteros con manteca abundante, y bandejas innumerables de pasteles y otras cosas semejantes. Al efecto, utilizó a todas las esclavas de la casa expertas en el arte de la dulcería, y a todos los pasteleros y confiteros de la calle Zeini. Y la verdad es que el banquete, después de tanto trabajo, nada dejaba que desear.

Al día siguiente, muy temprano, Schamseddin se dirigió al jardín con su hijo Grano-de-Belleza y mandó que los esclavos pusieran dos manteles inmensos en dos sitios separados y distante uno de otro.

Luego llamó a Grano-de-Belleza, y le dijo: "Hijo mío, he mandado poner, como ves, dos manteles diferentes; uno está reservado a los hombres y el otro para los muchachos de tu edad que vengan con sus padres. Yo recibiré a los hombres con barbas y tú te encargarás de recibir a los jóvenes imberbes". Pero Grano-de-Belleza, sorprendido, preguntó a su padre: "¿Por qué semejante separación y dos servicios diferentes? Eso no suele hacerse más que entre hombres y mujeres. ¿Qué tienen que temer los jóvenes como yo de los hombres barbudos?" El síndico respondió: "Hijo mío, los jóvenes imberbes se encontrarán más libres solos y se divertirán entre sí mejor que encontrándose en presencia de sus padres". Y Grano-de-Belleza, que no era malicioso, se contentó con tal respuesta.

Al llegar los invitados, Schamseddin se dedicó a recibir a las personas mayores, y Grano-de-Belleza a los niños y a los jóvenes. Y se comió y bebió, y se cantó, y hubo la mayor diversión posible; y la alegría y el júbilo brillaron en todas las caras, y se quemaron en los pebeteros incienso y perfumes. Después, terminado el festín, los esclavos repartieron entre los convidados copas llenas de sorbete a la nieve. Y aquel fué para los hombres el momento de departir agradablemente, mientras los muchachos, al otro lado, se entregaban a mil amenos juegos.

Y entre los convidados había cierto mercader que era uno de los mejores parroquianos del síndico; pero también era un famoso pederasta, que no había dejado indemne de sus hazañas a ningún hermoso joven del barrio. Se llamaba Mahmud, pero no se le conocía más que por el sobrenombre de "el-Bilateral".

Cuando Mahmud-el-Bilateral oyó los gritos que daban los muchachos al otro lado...


En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mariana e interrumpió el relato autorizado por el rey Schahriar.



Y cuando llegó la 256ª noche

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Ella dijo:

Cuando Mahmud-el-Bilateral oyó los gritos que daban los muchachos al otro lado, se alborotó en extremo, y pensó: "¡Seguramente hay algo bueno por allá!" Y aprovechándose del descuido general para levantarse y fingir que iba a satisfacer una necesidad urgente, se deslizó silenciosamente por entre los árboles hasta donde estaban los muchachos, y se quedó en acecho de sus movimientos graciosos y lindas caras. No tardó mucho en notar que el más hermoso indiscutiblemente entre los más hermosos era Grano-de-Belleza. Y empezó a hacer mil proyectos para poderle hablar y llevarle aparte, y pensó: "¡Ya Alah! ¡Con tal de que se separe un poco de sus compañeros!" Y el Destino satisfizo sus deseos sobradamente.

Efectivamente, en un momento dado, excitado Grano-de-Belleza por el juego y coloradas las mejillas por el movimiento, experimentó la necesidad de orinar. Y a fuer de muchacho bien educado, no quiso acurrucarse delante de todo el mundo y se fué hacia los árboles. Enseguida dijo para sí el Bilateral: "Si me acercara a él ahora, seguramente le asustaría. ¡Voy a probar de otro modo!" Y salió de detrás del árbol que le ocultaba y se presentó en el corro de los muchachos, que le conocían, y empezaron a silbarle corriendo por entre sus piernas. Y él, muy contento, les dejaba hacer aquello sonriendo, y después acabó por decirles: "¡Oídme, hijos míos! ¡Prometo daros mañana a cada uno un traje nuevo y dinero para satisfacer todos vuestros caprichos, si lográis despertar en Grano-de-Belleza la afición a los viajes y el deseo de alejarse de El Cairo!" Y los chicos le contestaron: "¡Oh Bilateral, eso es muy fácil!"

Entonces los dejó y volvió a sentarse entre los hombres barbudos.

Cuando Grano-de-Belleza acabó de orinar y volvió a su sitio, sus compañeros se guiñaron el ojo mutuamente, y el más elocuente del grupo se dirigió a Grano-de-Belleza y le dijo: "¡Durante tu ausencia hemos estado hablando de las maravillas de los viajes y de los magnificos países lejanos, y de Damasco, y Alepo, y Bagdad! Tú ¡oh Grano de-Belleza! siendo tu padre tan rico, le habrás acompañado muchas veces en sus viajes con las caravanas. ¡Cuéntanos algo de lo mucho maravilloso que hayas visto!"

Pero Grano-de-Belleza contestó: "¿Yo? Pero ¿no sabéis que me han criado en un subterráneo y que hasta ayer no he salido de él? ¿Cómo había de viajar en semejantes condiciones? ¡ Y ahora, todo lo más que mi padre me permite es acompañarle desde casa hasta la tienda!"

Entonces el mismo muchacho replicó: "¡Pobre Grano-de-Belleza, te han privado de las alegrías más deliciosas y de los placeres más puros! ¡Si supieras, ¡oh amigo mío! lo maravillosamente que saben los viajes, ya no querrías pasar un momento más en casa de tu padre! ¡Todos los poetas han cantado a porfía las delicias del viajar; oye una muestra o dos de los versos que sobre el particular nos han transmitido:


Viajar, ¿quién dirá tus maravillas? ¡Oh amigos míos, todas las cosas bellas gustan de viajar! ¡Hasta las mismas perlas salen del fondo oscuro del mar y atraviesan las inmensidades para colocarse en la diadema de los reyes y en el cuello de las princesas!


Al oír esta estrofa, Grano-de-Belleza, dijo: "¡Así será! ¡Pero el reposo en casa de uno también tiene sus encantos!" Entonces uno de los muchachos se echó a reír y dijo a sus compañeros: "¡Mirad con lo que sale Grano-de-Belleza! ¡Es como los pescados, que se mueren en cuanto los sacan del agua!" Y otro, más exagerado, dijo: "¡Es que temerá probablemente marchitar las rosas de sus mejillas!" Y un tercero añadió: "¿No véis que es como las mujeres? ¡No pueden dar un paso solas en cuanto salen a la calle!" Y otro, por último, exclamó: "¡Oh, Grano-de-Belleza! ¿no te avergüenzas de no ser hombre?"

Al oír todos aquellos apóstrofes, Grano-de-Belleza quedó tan mortificado que abandonó inmediatamente a sus invitados, y cabalgando en la mula emprendió el camino de la ciudad, y lleno de rabia el corazón y de lágrimas los ojos, llegó junto a su madre, que se asustó al verle en tal estado. Y Grano-de-Belleza le repitió las burlas de que había sido víctima por parte de sus compañeros, y le declaró que quería marcharse al momento a cualquier parte, con tal de partir. Y añadió: "¿Ves este cuchillo? ¡Pues me lo clavaré en el pecho si no me quieres dejar viajar!"

Ante aquella resolución tan inesperada, la pobre mujer no pudo hacer más que devorar sus lágrimas y consentir en aquel proyecto, por lo cual dijo a Grano-de-Belleza: "¡Hijo mío, prometo ayudarte con todas mis fuerzas! Pero como estoy segura anticipadamente de la negativa de tu padre, voy a prepararte un cargamento de mercaderías a mi costa". Y Grano-de-Belleza dijo: "¡Pero hay que hacerlo enseguida, antes de que llegue mi padre!"

Inmediatamente la esposa de Schamseddin mandó a un esclavo abrir uno de los depósitos de mercaderías reservadas, y que los embaladores hicieran los fardos suficientes para cargar diez camellos.

En cuanto al síndico Schamseddin, así que se fueron los convidados buscó en balde por el jardín a su hijo, y acabó por saber que se había anticipado en ir a su casa. Y el síndico, aterrado al pensar que le podía sobrevenir a su hijo una desgracia en el camino, puso la mula a todo galope y llegó sin aliento al patio, en donde se calmó su emoción al enterarse por el portero de la llegada sin novedad de Grano-de-Belleza. Pero fué mayor su sorpresa al ver en el patio fardos y fardos dispuestos a ser cargados y con etiquetas que indicaban en letras gordas sus diferentes destinos: Alepo, Damasco y Bagdad...


En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.



Y cuando llegó la 257ª noche

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Ella dijo:

... en letras gordas sus diferentes destinos: Alepo, Damasco y Bagdad.

Apresuróse entonces a subir a las habitaciones de su esposa, que le enteró de cuanto acababa de suceder y del grave inconveniente que había en contrariar a Grano-de-Belleza. Y el síndico dijo: "De todos modos, voy a tratar de disuadirle". Y llamó a Grano-de-Belleza y le dijo: "¡Oh hijo mío! ¡Alah te ilumine y te aparte de proyecto tan funesto! ¿No sabes lo que ha dicho nuestro Profeta? (¡sean con El la oración y la paz!) : "¡Dichoso el hombre que se alimenta con los frutos de su tierra y halla en su mismo país las satisfacciones de su vida!" Y dijeron los antiguos: "¡No emprendáis jamás un viaje aunque sea de una milla!" Por consiguiente, hijo mío, te pido que me digas si después de estas palabras persistes en tu resolución".

Grano-de-Belleza contestó: "Sabe, ¡oh padre mío! que no quiero desobedecerte; pero si te opones a mi viaje negándome lo necesario, me quitaré este traje, me pondré el de los pobres derviches y recorreré a pie todos los países y todas las tierras".

Cuando vió el síndico que su hijo estaba dispuesto a partir a todo trance, renunció a contrariar su proyecto, y le dijo: "Entonces, ¡oh hijo mío! he aquí cuarenta cargas más; y así, con las otras diez que te ha dado tu madre, tendrás para cargar cincuenta camellos. En ellas encontrarás las mercancías adecuadas a las necesidades de cada una de las ciudades en que entres; pues no hay que tratar de vender en Alepo, por ejemplo, los géneros que prefieren los habitantes de Damasco; sería una mala especulación. ¡Parte, pues, hijo mío! y ¡Alah te proteja y te allane el camino! Y adopta precauciones, sobre todo al atravesar por el desierto del León, un sitio que se llama el valle de los Perros, guarida de bandidos salteadores, cuyo jefe es un beduído apellidado el "Rápido" por lo súbito de sus ataques e incursiones".

Y Grano-de-Belleza contestó: "¡Los sucesos buenos o malos vienen de mano de Alah! ¡Y haga yo lo que haga, no me pasará más que lo que se me tenga deparado!"

Como no se podía replicar a tales palabras, el síndico no dijo más; pero su esposa no descansó hasta hacer mil votos, y prometer cien carneros a los santones, y poner a su hijo bajo la santa protección de El-Sayed Abd El-Kader El-Guilani, abogado de los viajeros.

Después de lo cual, sl síndico, acompañado de su hijo, a quien costó gran trabajo escaparse de los brazos de su pobre madre, que vertía sobre él todas las lágrimas de su corazón, fué a buscar a la caravana dispuesta ya. Y llamó aparte al anciano mokaddem de los camelleros y muleros, el jeique Kamal, y le dijo: "¡Oh venerable mokaddem, te confío este niño, pupila de mis ojos, y lo pongo bajo el ala de Alah y bajo tu custodia! Y tú, hijo mío -dijo a Grano-de-Belleza-, mira al que ha de hacer las veces de padre en ausencia mía. ¡Obedécele y nunca hagas nada sin consultarle!" Después dió mil dinares de oro a Grano-de-Belleza, y como último encargo le dijo: "¡Te doy estos mil dinares, hijo mío, para que puedas utilizarlos y aguardar con paciencia el momento más ventajoso para la venta de tus mercaderías, pues te guardarás muy bien de venderlas cuando estén en baja; has de aprovechar la ocasión en que los paños y otros géneros estén más en alza para colocarlos en las mejores condiciones!" Después de las despedidas, la caravana se puso en marcha y no tardó en estar fuera de las puertas de El Cairo.

Y ahora vamos con Mahmud-el-Bilateral. Al enterarse de la marcha de Grano-de-Belleza, se preparó también rápidamente, y en pocas horas tuvo a mulos y camellos cargados y ensillados. Y sin perder tiempo se puso en camino y alcanzó a la caravana a pocas millas de El Cairo. Y decía para sí: "¡Ahora, en el desierto, ¡oh Mahmud! nadie irá a denunciarte ni tampoco vendrá a vigilarte nadie! ¡Y sin temor a que te molesten, podrás deleitarte con ese muchacho!"

De modo que, desde la primera etapa, el Bilateral mandó armar sus tiendas al lado de las de Grano-de-Belleza y encargó al cocinero de éste que no se tomara el trabajo de encender lumbre, puesto que él había invitado a Grano-de-Belleza a compartir la comida en su tienda.

Y efectivamente, Grano-de-Belleza fué a la tienda del Bilateral, pero acompañado por el jeique Kamal, mokaddem de los camelleros. Y aquella noche el Bilateral nada sacó en limpio. Y al día siguiente, en la segunda parada, ocurrió lo mismo, y así todos los días, hasta la llegada a Damasco, porque Grano-de-Belleza aceptaba todas las invitaciones, pero iba siempre a la tienda del Bilateral acompañado del mokaddem de los camelleros.

Pero cuando llegaron a Damasco, en donde el Bilateral tenía, lo mismo que en El Cairo, Alepo y Bagdad, casa propia para recibir a los amigos...


En este momento de su narración, Schehrazada, la hija del visir, vió aparecer la mañana, e interrumpió el relato.



Pero cuando llegó la 258ª noche

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Ella dijo:

... a Damasco, en donde el Bilateral tenía, lo mismo que en El Cairo, Alepo y Bagdad, casa propia para recibir a los amigos, envió un esclavo a Grano-de-Belleza, que se había quedado en la tienda a la entrada de la ciudad, para invitarle, pero a él solo, a que le honrase con su presencia. Y Grano-de-Belleza contestó: "¡Espera que le pregunte, su parecer al jeique Kamal!" Pero el mokaddem de los camelleros frunció el ceño al oír la proposición, y contestó: "¡No, hijo mío, hay que rechazarla!" Y Grano-de-Belleza declinó la invitación.

La estancia en Damasco fué de corta duración, y pronto se pusieron en camino para Alepo; y a la llegada, el Bilateral volvió a invitar a Grano-de-Belleza; pero el jeique Kamal aconsejó la abstención, como en Damasco, y Grano-de-Belleza, sin saber por qué era tan severo el mokaddem, no quiso contrariarle. Y aquella vez también perdió el viaje y el trabajo el Bilateral.

Pero después de salir de Alepo, el Bilateral juró que en la primera ocasión las cosas no pasarían lo mismo. Y a la primera parada en dirección a Bagdad, mandó hacer los preparativos de un banquete sin precedentes, y fué personalmente a invitar a Grano-de-Belleza. Y aquella vez Grano-de-Belleza se vió obligado a aceptar, por no tener motivo fundado para negarse, y empezó por ir a la tienda a vestirse con traje a propósito.

Entonces fué a buscarle el jeique Kamal, y le dijo: "¡Qué imprudente eres! ¡oh Grano-de-Belleza! ¿Por qué has aceptado la invitación de Mahmud? ¿No conoces sus intenciones? ¿No sabes el motivo de que le llamen el Bilateral? De todos modos, debiste preguntar su parecer a un anciano como yo, y del cual han dicho los poetas:


Pregunté al viejo: "¿Por qué andas encorvado?" Me contestó: "¡Perdí mi juventud en la tierra húmeda! Y me he encorvado para buscarla. ¡Y ahora la experiencia que pesa sobre mí es tan amarga, que me impide enderezar la espalda!"


Pero Grano-de-Belleza contestó: "¡Oh venerable mokaddem! ¡Estaría muy mal rechazar la invitación de nuestro amigo Mahmud, al cual no sé por qué llaman el Bilateral! Y además, ignoro lo que pueda perder con acompañarle. ¡No me comerá!" Y el mokaddem replicó con viveza: "¡Pues, sí, por Alah!

¡Te comerá! ¡Ya se ha comido a otros muchos!"

Al oír aquello, Grano-de-Belleza soltó la carcajada y se apresuró a ir a casa de Bilateral, que le aguardaba con impaciencia. Y ambos fueron a la tienda en que estaba preparado el festín.

Y en realidad, el Bilateral no había escatimado nada para recibir como merecía al maravilloso joven, y todo aparecía dispuesto para encantar las miradas y halagar los sentidos. De modo que la comida fué alegre y estuvo llena de animación; y ambos comieron con gran apetito, y bebieron en la misma copa hasta saciarse. Y cuando el vino fermentó en las cabezas y los esclavos se retiraron discretamente, el Bilateral, ebrio de vino y de pasión, se inclinó hacia Grano-de-Belleza, y cogiéndole las mejillas con las dos manos quiso besarlas. Pero Granode-Belleza, muy turbado, levantó instintivamente la mano, y el beso del Bilateral no encontró más que la palma del adolescente.

Entonces Mahmud le echó un brazo alrededor del cuello y con el otro le rodeó la cintura, y como Grano-de-Belleza le preguntara: "Pero ¿qué quieres hacer conmigo?" Le contestó: "Sencillamente, tratar de explicarte estos versos del poeta para ponerlos en práctica:


¡Oh mis estremecimientos cuando las miradas de sus ojos me sacuden el alma! ¡Oh delicias del primer deseo que hincha sus compañones infantiles!


Mira, ¡oh ojos míos! ¡Toma lo que puedas tomar, levanta lo que puedas levantar, coge un puñado, o dos, o tres, y hazlo entrar un palmo o más! ¡Pero sin que te haga daño! ¡Hay que obrar con prudencia!


Después de haber dicho a su modo estos versos, Mahmud se dispuso a explicárselos prácticamente. Pero el joven Grano-de-Belleza, sin darse cuenta exacta de la situación, se sentía molesto con aquellos ademanes y movimientos, y quiso marcharse. Y el Bilateral le sujetó y acabó por hacerle entender de qué se trataba.

Cuando Grano-de-Belleza se enteró bien de las intenciones del Bilateral y comprendió su petición...


En este momento de su narración, Schehrazada, vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.



Pero cuando llegó la 259ª noche

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Ella dijo:

... Cuando Grano-de-Belleza se enteró bien de las intenciones del Bilateral y comprendió su petición, levantóse inmediatamente y le dijo: `¡No, por Alah! ¡No vendo esa mercancía! ¡De todos modos, para que te consueles, te diré que si a los demás se la vendiese por dinero, a ti te la daría de balde!"

Y a pesar de las súplicas del Bilateral, Grano de-Belleza no quiso permanecer un momento más en la tienda; salió de ella bruscamente, y volvió en seguida al campamento, donde, harto inquieto, aguardaba su regreso el mokaddem.

Y cuando Kamal vió entrar a Grano-de-Belleza con aquel aspecto extraño, le preguntó: "¡Por Alah! ¿qué ha pasado?" El otro respondió: "¡Pues absolutamente nada! ¡Pero tenemos que levantar el campamento en seguida e irnos a Bagdad, porque en lo sucesivo no quiero viajar con el Bilateral!; tiene pretensiones exageradas y muy molestas!"

El jeique de los camelleros dijo: "¿No te lo había dicho ya, hijo mío? Pero he de advertirte que sería muy peligroso viajar solos. Más vale seguir en una sola caravana, como estamos ahora, para poder resistir los ataques de los bandoleros beduínos que infestan estas tierras". Pero Grano-de-Belleza no quiso hacer caso, y dió la orden de marcha.

Por consiguiente, la pequeña caravana se puso en camino sola y no dejó de viajar del mismo modo, hasta que un día, a la puesta del sol, llegó a pocas millas de las puertas de Bagdad.

El mokaddem de los camelleros fué a buscar entonces a Grano-de-Belleza y le dijo: "Mejor será hijo mío, seguir hasta Bagdad esta misma noche, sin detenernos a acampar aquí. ¡Porque el lugar en que estamos es el más peligroso de todo el viaje! ¡Es el valle de los Perros! ¡Hay gran riesgo de que nos ataquen si permanecemos aquí durante la noche! ¡Apresurémonos, pues, a llegar a Bagdad antes de que cierren las puertas! ¡Porque has de saber, hijo mío, que el califa manda cerrar todas las noches las puertas de la ciudad con el fin de impedir que las hordas fanáticas entren a escondidas y se apoderen de los libros de la ciencia y de los manuscritos literarios encerrados en las salas de las escuelas, arrojándolos luego al Tigris!".

Grano-de-Belleza, a quien no complacía la proposición, contestó: "¡No, por Alah! ¡No quiero entrar de noche en la ciudad, porque deseo gozar del espectáculo de Bagdad al salir el sol! ¡Pasemos, pues, la noche aquí, ya que no tengo prisa ni viajo para negociar, sino por recreo, y para ver lo que no conozco!" Y el anciano mokaddem tuvo que inclinarse, aunque deplorando la peligrosa terquedad del hijo de Schamseddin.

En cuanto a Grano-de-Belleza, tomó un bocado, y después, cuando los esclavos fueron a acostarse, salió de la tienda, apartóse un poco por el valle, y fué a sentarse junto a un árbol a la luz de la luna. Y se acordó de las lecturas de sus maestros en el subterráneo, e inspirado por lugar tan propicio a la meditación empezó este canto del poeta:


¡Reina del Irak, deliciosamente bella! ¡Oh Bagdad, ciudad de los califas y poetas! ¡Cuánto tiempo, ¡oh maravilla! soñé contigo!


Pero súbitamente, antes de terminar la primera estrofa, oyó a su izquierda un clamor espantable, y galopar de caballos, y exclamaciones de cien bocas a un tiempo, y al volverse vió invadido el campamento por un numeroso tropel de beduínos que surgían por todas partes como si salieran de debajo de la tierra.

Aquel espectáculo tan nuevo para él le dejó clavado en el suelo, y así pudo ver la matanza general de la caravana, que había querido defenderse, y el saqueo de todo el campamento. Y cuando los beduínos comprobaron que nadie quedaba en pie, se apoderaron de camellos y mulos, y en un momento desaparecieron por donde habían venido. Al disiparse un tanto la estupefacción que le había dominado, Grano-de-Belleza bajó hacia el sitio en que se encontraba su campamento y pudo ver asesinada a toda su gente. Y ni el jeique Kamal, mokaddem de los camelleros, a pesar de su edad respetable, había sido tratado mejor que los demás, y yacía muerto, atravesado el pecho por numerosas lanzadas. Así es que Grano-de-Belleza no supo soportar la vista de espectáculo tan aterrador, y emprendió la fuga, sin atreverse a mirar hacia atrás.

De tal modo corriendo toda la noche, y para no excitar la codicia de algún otro bandido, se despojó completamente de su rico traje, que arrojó a lo lejos y no se quedó más que con la camisa. Y así, medio desnudo, entró en Bagdad al amanecer.Entonces, rendido de cansancio y sin poder tenerse en pie, se paró delante de la primera fuente pública que se le presentó a la entrada de la población. Se lavó las manos, la cara y los pies; subió a la plataforma que coronaba la fuente, se tendió en ella a lo largo, y no tardó en dormirse.

En cuanto a Mahmud-el-Bilateral, también se había puesto en camino, pero había tomado un atajo por otra parte, y pudo evitar el encuentro con los bandidos; y además, llegó a las puertas de Bagdad precisamente cuando Grano-de-Belleza las atravesaba y se dormía en la fuente.

Al pasar por cerca de aquella fuente, el Bilateral se acercó al abrevadero de piedra lleno de agua para los animales, y quiso que bebiera en él su caballo sediento. Pero el animal vió la sombra que proyectaba el adolescente dormido, y retrocedió resollando. Entonces el Bilateral levantó los ojos hacia la plataforma, y le faltó poco para caerse del caballo al reconocer a Grano-de-Belleza en aquel joven medio desnudo que en la piedra dormía...


En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y como discreta, se calló.



Y cuando llegó la 260ª noche

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Ella dijo:

... al reconocer a Grano-de-Belleza en aquel joven medio desnudo que en la piedra dormía.

Enseguida se apeó del caballo, se encaramó a la plataforma, y quedó inmóvil de admiración ante Grano-de-Belleza tendido, cuya cabeza reposaba sobre un brazo, en la languidez del sueño. Y por primera vez le fué dable al fin contemplar sin velos las perfecciones de aquel cuerpo juvenil y cristalino, en que los lunares oscuros resaltaban de tan hermosa manera sobre la blancura de lo demás. Y no se le alcanzaba por qué casualidad encontraba en su camino, y dormido en aquella fuente, a aquel ángel, por amor al cual había él emprendido su viaje. Y no llegaba a separar sus miradas del lunarcillo, redondo como un grano de almizcle, que adornaba la nalga izquierda del muchacho, descubierta en aquel momento. Y sin saber qué resolución tomar, decía para sí: "¿Qué será mejor? ¿Despertarle? ¿Llevármelo en mi caballo como está y huir con él al desierto? ¿Aguardar que se despierte, hablarle, enternecerle y decirle que me acompañe a mi casa de Bagdad?"

Acabó por tomar esta última determinación, y sentándose a los pies del joven en el reborde de la fuente, aguardó a que se despertase, bañándose los ojos en toda la limpidez sonrosada que el sol ponía en aquel cuerpo infantil.

Harto ya de dormir, Grano-de-Belleza, estiró las piernas y abrió os ojos, y en el mismo instante Mahmud le cogió la mano, y con voz muy suave le dijo: "¡No tengas miedo niño; estás bien seguro a mi lado! ¡ Pero apresúrate, por favor, a explicarme la causa de todo esto!"

Entonces Grano-de-Belleza se incorporó, y aunque un tanto molesto por la presencia de su admirador, le contó la aventura con todos sus pormenores. Y Mahmud le dijo: "¡Loor a Alah, mi joven amigo, que te ha arrebatado la fortuna, pero te ha conservado la vida! Porque dice el poeta:


¡Cuando la cabeza se salva, la fortuna perdida sólo es una recortadura de uña sacada sin hacer daño!


"Además, ni siquiera la fortuna se ha perdido, pues cuanto poseo te pertenece. Ven conmigo a casa a bañarte y vestirte, y desde este momento puedes considerar todos los bienes de Mahmud como tuyos propios, y la vida de Mahmud está a tu disposición!" Y siguió hablando tan paternalmente a Grano-de-Belleza, que le decidió a acompañarle. Bajó primeramente, y le ayudó enseguida a ponerse detrás de él en el caballo, y encaminóse hacia su casa estremeciéndose de placer al contacto del cuerpo caliente y desnudo del muchacho que se cogía a Mahmud para sujetarse.

Su primera diligencia fué llevar a Grano-de-Belleza al hammam y bañarlo así, sin auxilio de masajistas ni ningún otro criado, y después de haberlo vestido con un traje de gran valor lo llevó a la sala en que solía recibir a sus amigos.

Era un salón de frescura y sombra deliciosa, alumbrado únicamente por los hermosos reflejos de esmaltes y porcelanas y por el centelleo que desde arriba caía de las estrellas. Un olor a incienso arrebataba y transportaba el alma hacia soñados jardines de alcanfor y cinamomo.

En el centro cantaba el surtidor de una fuente. Perfecto y seguro era allí el reposo, y podía llegarse hasta el éxtasis.

Sentáronse ambos en la alfombra, y Mahmud brindó a Grano-de-Belleza un almohadón para apoyar los brazos. Comieron los manjares que en bandejas se les sirvieron, y bebieron los vinos selectos que encerraban los frascos. En aquel momento, el Bilateral, que hasta entonces no se había mostrado muy atrevido, no pudo contenerse más, y estalló recitando esta estrofa del poeta:


¡Deseo! ¡Ni las caricias delicadas de los ojos ni el beso de los labios puros pueden apaciguarte! ¡Oh deseo mío! ¡Sientes gravitar sobre ti el peso de una pasión que no ha de calmarse hasta que brote!


Pero Grano-de-Belleza, que acostumbrado ya a los versos del Bilateral advertía con facilidad su sentido, a veces oscuro, se levantó inmediatamente y dijo a su huésped: "En verdad que no comprendo tu insistencia sobre lo mismo. No puedo hacer más que repetirte lo que ya te dije. El día en que venda a otros esa mercancía por dinero, a ti te la daré de balde". Y sin querer atender a otras explicaciones del Bilateral, le dejó bruscamente y se fué.

Al verse fuera, empezó a vagar por la ciudad. Pero ya había oscurecido, y como siendo forastero en Bagdad no sabía adónde dirigirse, resolvió pasar la noche en una mezquita que vió en el camino. Entró, pues, en el patio, y al ir a quitarse las sandalias para penetrar en el interior de la mezquita, vió que se le acercaban dos hombres precedidos por sus esclavos, que iban con linternas encendidas. Se apartó para dejarles pasar; pero el más viejo de los dos se paró delante de él, y después de mirarle con mucha atención, le dijo: "¡La paz contigo!" Y Grano-de-Belleza le devolvió el saludo.

El otro añadió: "¿Eres forastero, hijo mío?" El joven contestó: "Soy de El Cairo. Mi padre es Schamseddin, síndico de los mercaderes".

Al oír estas palabras, el anciano se volvió hacia su compañero y le dijo: "iAlah nos favorece más de lo que deseábamos! ¡No esperábamos encontrar tan pronto al forastero que buscábamos y ha de sacarnos del apuro... !


En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.



Pero cuando llegó la 261ª noche

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Ella dijo:

"... al forastero que buscábamos y ha de sacarnos del apuro!" Luego llamó aparte a Grano-de-Belleza, y le dijo: "¡Bendito sea Alah, que te ha colocado en nuestro camino! Vamos a pedirte un favor que retribuiremos liberalmente dándote cinco mil dinares, efectos por valor de mil dinares y un caballo de mil dinares. ¡Verás!

"No ignoras, hijo mío, que, según nuestra ley, cuando un musulmán ha repudiado por primera vez a su esposa, puede recobrarla sin formalidades a los tres meses y diez días; y si se divorcia por segunda vez, también puede recuperarla después del plazo legal; pero si la repudia por tercera vez, o si, aun no habiéndola repudiado nunca le dice sencillamente: "¡Quedas repudiada por tres veces!" o "¡Ya no eres nada para mí, lo juro por el tercer divorcio!", en ese caso, si el esposo quiere volver otra vez con su esposa, la ley determina que otro empiece por casarse legalmente con la mujer repudiada, y a su vez la repudie después de haberse acostado con ella aunque sólo sea una noche. Y entonces es cuando el primer esposo la puede recobrar como mujer legítima.

"Pues ése es el caso del joven que está conmigo. El otro día se dejó llevar de un acceso de mal humor y le gritó a su esposa, que es hija mía: "¡Sal de mi casa! ¡Ya no te conozco! ¡Te repudio por tres veces!" Y enseguida mi hija, que es su esposa, se echó el velo por la cara delante de su esposo, que era ya un extraño para ella, recogió su dote y volvió el mismo día a mi casa. Pero ahora su marido, que es éste, desea ardientemente recobrarla Ha venido a besarme las manos y a rogarme que le reconciliara con su esposa. Y yo he accedido a ella. Y enseguida hemos salido en busca del hombre que le ha de servir de sucesor momentáneo una noche. Y a la sazón te hemos encontrado, hijo mío. Como eres forastero, las cosas se harán en secreto, sólo en presencia del kadí, y no trascenderá nada al exterior".

El estado de indigencia en que se encontraba Grano-de.Belleza le hizo aceptar de buena gana la proposición, y dijo para sí: "Voy a cobrar cinco mil dinares, y tomar efectos por valor de mil dinares, y un caballo de mil dinares, y además voy a fornicar toda la noche. ¡Por Alah! ¡Acepto!" Y dijo a los dos hombres, que aguardaban con ansiedad la respuesta: "¡Por Alah! ¡Acepto el cargo de Desligador!"

Entonces el esposo de la repudiada, que todavía no había hablado, se volvió hacia Grano-de-Belleza y le dijo: "¡Nos sacas de un gran apuro, porque he de manifestarte que amo a mi esposa extremadamente. Pero temo que mañana por la mañana sea muy de tu gusto mi esposa, no quieras repudiarla y te niegues a devolvérmela. La ley, en ese caso, te favorece. Por lo tanto, ahora, delante del kadí, te comprometerás a entregarme diez mil dinares de indemnización si por desgracia no quisieras consentir en divorciarte al día siguiente!" Y Grano-de-Belleza aceptó la condición, por estar resuelto a no dormir más que una noche con la mujer consabida.

Fueron pues, los tres a casa del kadí, y ante él formalizaron el contrato en las condiciones legales. Y el kadí se entusiasmó al ver a Grano-de-Belleza y le amó mucho. Y ya volveremos a encontrarle en el curso de esta historia.

Y hecho el contrato salieron de la oficina del kadí, y el padre de la divorciada se llevó a Grano-de-Belleza y le hizo entrar en su casa. Le rogó que esperara en el vestíbulo, y enseguida fué a avisar a su hija, diciéndole: "Querida hija, he encontrado un muchacho muy bien formado, y que, a mi parecer, te ha de gustar. Te lo recomiendo con todo el encarecimiento de la recomendación. Pasa con él una noche encantadora y no te prives de nada. ¡No todas las noches se puede tener en brazos un mozo tan maravilloso!" Y habiendo aconsejado a su hija de tal modo, el buen padre se fué muy contento a buscar a Grano-de-Belleza para decirle lo mismo. Y le rogó que aguardara un poco a que su nueva esposa se preparase a recibirle.

En cuanto al primer esposo, fué a buscar inmediatamente a una vieja muy taimada que le había criado, y le dijo: "Te ruego, buena madre, que imagines algún recurso para evitar que el Desligador que hemos encontrado se acerque esta noche a mi mujer divorciada". Y la vieja contestó: "¡Por tu vida! ¡Nada hay más fácil!" Y se envolvió en su velo...


En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.



Pero cuando llegó la 262ª noche

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Ella dijo:

... Y se envolvió en su velo y fué a casa de la divorciada, en donde vio a Grano-de-Belleza en el vestíbulo. Le saludó, y le dijo: "Vengo a buscar a la joven divorciada, para untarle el cuerpo con pomadas, Si como hago todos los días, a fin de curarle la lepra que la ha atacado. ¡Pobre mujer!"

Y Grano-de-Belleza exclamó: "¡Alah me libre! ¡Cómo, buena mujer! ¿Esa joven está enferma de lepra? ¡Y yo que tenía que acostarme con ella esta noche! Porque soy el Desligador elegido por su anterior esposo". Y la vieja contestó: "¡Oh hijo mío, preserve Alah tu hermosa juventud! ¡Créeme! ¡Harás bien en abstenerte de copular!" Y le dejó confuso, y entró a ver a la divorciada, a la cual convenció de lo mismo respecto al joven que había de servir de Desligador. Y le aconsejó la abstinencia para evitar el contagio. Y después se marchó.

En cuanto a Grano-de-Belleza, siguió esperando una seña de la joven para entrar en su aposento. Pero aguardó mucho tiempo sin que se presentase más que un esclavo con una fuente de comida. Comió y bebió, y luego, para matar el tiempo, recitó una sura del Korán, y después empezó a tararear algunas estrofas con voz más suave que la del joven David en presencia de Saúl.

Cuando la joven oyó desde dentro aquella voz, pensó: "¿Cómo habrá mentido esa malhadada vieja? ¿Puede un leproso tener voz tan hermosa? ¡Por Alah! Voy a llamarle y a enterarme por mí misma si la vieja ha mentido. Pero antes voy a contestarle". Y cogió un laúd indio, que templó sabiamente, y con voz capaz de parar el vuelo de las aves en el fondo del cielo, cantó:


¡Amo a un gamo joven de dulces ojos lánguidos! ¡Es tan esbelta su cintura, que las ramas flexibles aprenden a ondular viéndole balancearce!


Cuando Grano-de-Belleza oyó las primeras notas de aquel canto, dejó de tararear y escuchó con entusiástica atención. Y dijo para sí: "¿Qué me decía la vieja vendedora de pomadas? ¡Por Alah! ¡Ha debido mentir! ¡Tan bella voz no puede ser de una leprosa!" Y enseguida, tomando el tono de las últimas notas que acababa de oír cantó con voz capaz de hacer bailar a los peñascos:


¡Mi saludo va hacia la fina gacela que se oculta del cazador, y lleva mi tributo a las rosas dispersas por el vergel de sus mejillas!


Y dijo aquello con tal acento, que la joven, seducida por la emoción, corrió a descorrer las cortinas que la separaban del mancebo, y se ofreció a su vista como la luna que súbitamente se desprende de una nube; le hizo seña de que entrara en seguida, y le precedió moviendo las caderas de tal modo, que habría puesto en pie a un anciano impedido. Y Grano-de-Belleza se asombró de su hermosura, de su lozanía y de su juventud. Pero no se atrevía a acercarse a ella, asediado por el temor del posible contagio.

Mas de pronto la joven, sin decir palabra, en un momento se quitó la camisa y el calzón, que tiró a lo lejos, y se le apareció completamente desnuda, tan limpia como la plata virgen, y tan firme y esbelta como el tronco de una palmera tierna.

A su vista, Grano-de-Belleza notó que se le movía la herencia de su venerable padre, el niño encantador que llevaba entre los muslos. Y como percibía distintamente su apremiante llamamiento, quiso entregarlo, para que se tranquilizase, a la joven, que debía de saber en dónde colocarlo. Pero ella le dijo: "¡No te acerques! ¡Temo que me pegues la lepra que tienes en el cuerpo!"

Al oír estas palabras, Grano-de-Belleza, sin contestar, se quitó toda la ropa, y después la camisa y los calzones, que tiró lejos, y apareció en perfecta desnudez, tan límpido como el agua de sierra y tan intacto como el ojo de un niño.

Entonces la joven ya no dudó de que la vieja alcahueta había empleado una estratagema, a instigación de su primer esposo, y deslumbrada por los hechizos del joven, corrió a él, le envolvió en su brazos, y le arrastró a la cama, en la cual cayeron juntos. Y jadeante de deseo, le dijo: "¡Prueba tus fuerzas, ¡oh jeique Zacarías! padre potente de nervios gordos!"

Ante aquel llamamiento tan formal, Grano-de-Belleza cogió por las caderas a la joven, y asestó el robusto y dulce nervio en dirección a la puerta de los triunfos y empujándolo hacia el corredor de cristal, lo hizo llegar rápidamente a la puerta de las victorias. Después lo desvió del camino real, y lo impulsó con brío por el atajo hacia la puerta del montador; pero como el nervio vacilaba ante lo angosto de aquella puerta amurallada, forzó el paso desfondando la tapa del tarro, y se encontró entonces en su casa, como si el arquitecto hubiera tomado las medidas por ambos lados a la vez. Luego siguió su excursión, visitando lentamente el zoco del lunes, el mercado del martes, el bazar del miércoles, y los puestos del jueves. Y habiendo desatado así todo que tenía que desatar, descansó, como buen musulmán, a la entrada del viernes.

Y tal fué el viaje de prueba de Grano-de-Belleza y de su niño por el jardín de la muchacha...


En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.



Pero cuando llegó la 263ª noche

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Ella dijo:

...Y tal fué el viaje de prueba de Grano-de-Belleza y de su niño por el jardín de la muchacha.

Tras de lo cual, Grano-de-Belleza, con su niño aletargado de felicidad, se enlazó tiernamente a la joven de los arriates devastados, y los tres se durmieron hasta por la mañana.

Despertado ya, Grano-de-Belleza preguntó a su esposa transitoria: "¿Cómo te llamas, corazón mío?" Ella contestó: "Zobeida". Y él le dijo: "¡Pues bien, Zobeida, me duele mucho el verme obligado a dejarte!" Y ella le preguntó, conmovida: "¿Y por qué me has de dejar?" Le contestó: "¡Ya sabes que no soy más que Desligador!" Ella exclamó: "¡No por Alah! ¡Se me había olvidado! ¡Y en mi dicha me figuraba que eras un regalo maravilloso que me hacía mi buen padre para reemplazar al otro!" Y él le dijo: "¡Pues sí, encantadora Zobeida, soy un Desligador elegido por tu padre y tu primer esposo! Y previendo una mala voluntad por mi parte, ambos han cuidado de hacerme firmar un contrato ante el kadí, que me obliga a pagarles diez mil dinares si esta mañana no te repudio. ¡Y no sé cómo voy a pagarles esa cantidad fabulosa, no teniendo ni un dracma en el bolsillo! Mejor será, pues, que me marche si no quiero ir a la cárcel, puesto que soy insolvente".

Al oír tales palabras, la joven Zobeida reflexionó un instante, y después, besando los ojos al joven, le preguntó: "¿Cómo te llamas, ojos míos?" El contestó: "Grano-de-Belleza".

Ella exclamó: "¡Ya Alah! ¡Nunca ha habido nombre mejor puesto! Pues bien, querido mío, ¡oh Grano-de-Belleza! como prefiero a todo el azúcar cande ese delicioso nervio blanco y sabroso con que has endulzado mi jardín durante toda la noche, te juro que encontraremos un recurso para no separarnos jamás, pues prefiero morir a pertenecer a otro después de haberte probado". El le preguntó: "¿Y cómo haremos?" Ella dijo: "Es muy sencillo. Verás. Pronto vendrá mi padre a buscarte y te llevará a casa del kadí para cumplir las estipulaciones del contrato. Entonces te aproximarás gentilmente al kadí y,le dirás: "¡no quiero divorciarme!" Y te preguntará "¡Cómo! ¿Rechazas los cinco mil dinares que van a darte, y los efectos por valor de mil dinares y el caballo de mil dinares, por seguir con una mujer?" Tú contestarás: "¡Entiendo que cada cabello de esa mujer vale diez mil dinares! Por eso conservo a la propietaria de tan preciada cabellera". Entonces el kadí te dirá: "¡Estás en tu derecho! Pero vas a pagar al primer esposo, en compensación, la cantidad de diez mil dinares".

"¡Ahora, querido mío, escucha bien lo que voy a decirte!"

"El anciano kadí, por lo demás hombre excelente, gusta con delirio de los muchachos. ¡Y estoy segura de que le has causado ya una gran impresión!"

Grano-de-Belleza exclamó: "¿De modo que crees que también el kadí es bilateral?" Zobeida se echó a reír y dijo: "¡Cierto que sí! ¿Por qué te asombra tanto eso?"

Y él dijo: "Está escrito que toda su vida Grano-de-Belleza ha de ir de un bilateral a otro. ¡Pero, ¡oh sutil Zobeida! te ruego que sigas desarrollando tu plan! Decías que el anciano kadí, por lo demás hombre excelente, gusta con delirio de los muchachos. ¡No me irás a aconsejar que le venda mi mercancía!" Ella dijo: "¡No! Ya verás".

Y prosiguió: "Cuando el kadí te haya dicho: "¡Hay que pagar los diez mil dinares!", le mirarás así, de cierta manera, y moverás las caderas gentilmente, no de un modo excesivo, pero sí de manera que le liquides de emoción en la alfombra. Y sin duda te dará un plazo para saldar la deuda. ¡Y de aquí a entonces, Alah proveerá!"

Oídas estas palabras, Grano-de-Belleza reflexionó un instante, y dijo: "¡Lo intentaré!"

En aquel mismo momento una esclava, desde detrás del tapiz, alzó la voz y dijo: "¡Ama Zobeida, ahí está tu padre aguardando a mi amo!

Entonces Grano-de.Belleza se levantó, se vistió a escape y fué a buscar al padre de Zobeida. Y ambos, después de habérseles unido en la calle el primer marido, fueron a la oficina del kadí.

Y las previsiones de Zobeida se realizaron al pie de la letra. Pero también hay que decir que Grano-de-Belleza cuidó de seguir escrupulosamente las preciosas indicaciones que ella le había dado.

Y el kadí, absolutamente aniquilado por las miradas al soslayo que le dirigía Grano-de-Belleza, no sólo concedió el aplazamiento de tres días que reclamaba modestamente el joven, sino que terminó su sentencia en esta forma: "Nuestras leyes religiosas y nuestra jurisprudencia no pueden hacer obligatorio el divorcio. Y nuestros cuatro ritos ortodoxos están completamente de acuerdo en este punto. Por otra parte, el Desligador, convertido en marido de derecho, se aprovecha de un aplazamiento, dada su condición de forastero. Le otorgamos, pues, diez días para saldar la deuda".

Entonces Grano-de-Belleza besó respetuosamente la mano del kadí, que decía para sí: "¡Por Alah! ¡Este hermoso adolescente bien vale diez mil dinares! ¡Yo mismo se los anticiparía de buena gana!"

Después Grano-de-Belleza se despidió afablemente y corrió a buscar a su esposa, la sagaz Zobeida...


En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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